La política nace de los conflictos y no consigue nunca separarse de ellos, pero en las esencias de los problemas se identifican diferentes niveles de degradación social. Hoy hay mucho trabajo por hacer, desde el punto de vista que se mire. Idealismos sencillos o vacíos, sólo basados en contradecir o criticar, no van a sacarnos de abajo. Y con un gobierno sectario, como califica Henrique Capriles al actual, mucho menos. Más que nunca la participación social en el proceso preelectoral, puede definir un mejor futuro para el país. ¿Será posible ser dirigidos con sistemas de participación popular que sintonicen con la sabiduría del país? ¿Se puede ser popular al tiempo que se reestablece una justicia social palpable? En estas líneas no encontraremos las respuestas, pero conocer cómo piensan los políticos de oposición que se han ganado el espacio para enfrentarse a Chávez, es un buen comienzo.
Para rizar la cinta de la complicación, hay dos consideraciones importantes para nuestro momento político. En primer lugar, no sólo se trata de querer hacerlo bien, y luego subrayar la decisiva importancia de la narrativa de un discurso que conecte. Sobre el primer punto, se recuerda cuando Federico de Prusia publicó su Antimaquiavelo junto a Voltaire para criticar al peor y más perverso de los hombres. Federico pensaba que la justicia, la virtud, la razón y el bien común podían armonizarse. El príncipe llegó al trono con el título de Federico II, y tras experimentar el poder político, se retractó: “Es muy difícil mantener la honestidad y limpieza cuando se haya uno en el torbellino político. Lamento tener que admitirlo, pero Maquiavelo tenía razón”. La oferta de cambio tiene que ser más sensata que idealista para progresar. El segundo punto, y queriendo entender el presente en aras de deducir el desenlace de las próximas elecciones presidenciales del 2012, es la necesidad de atender el discurso, la narrativa de los políticos que se perfilan como principales ejecutores en un posible gobierno sin Chávez. Así como la filosofía aspira a la verdad y la historia a la exactitud, la narrativa aspira nada más que a la seducción. Chávez logró seducir, eso es indiscutible. Pero, ¿es sensato pensar, con tantos problemas de fondo, que los políticos jóvenes deban atender a las formas de seducción de su discurso antes que enfrentar con aplomo y seriedad las incongruencias sociales y sus consecuencias? La respuesta fácil es no verlos como excluyentes. Pero sí ha de sumarse la tarea de la conquista, de lo contrario, como en el amor, por fallida que sea la relación anterior, el gran seductor encuentra siempre su forma de volver, o de volver a fallar. Maquiavelo decía con insufrible cinismo: “los hombres son tan simples y tan prestos a obedecer a las necesidades, que quien decepcione siempre encontrará a quienes se permitan ser decepcionados”. Capriles asegura que el miedo es libre, y cree que el disco de promesas falsas y del chantaje, ya está rayado. Piensa que sí hay muchas personas temerosas, y que la tarea es poder generar confianza. Asegura que es lo que ha tratado de hacer en estos dos años y medio bajo la fuerte creencia de que si generas confianza, hay cercanía.
El discurso se apunta como la clave según analistas, la conexión sería el objetivo a alcanzarse estos meses. El éxito que se desea es un renovado plan de gobierno que ataque efectivamente los problemas del país, amén de las etiquetas. Sobre el camino habrá que ir jugando las mejores cartas. Anne Perkins gran periodista inglesa bien afirma que “el líder es a menudo el epílogo del desarrollo que una idea ha experimentado durante siglos: la brillante improvisación, el glorioso (o infausto) final”.
Hagan ya sus apuestas.

Henrique no habla con exageraciones ni es catastrófico en su visión de país. Llama a las cosas por su nombre. No le cambia el ánimo ni la mirada cuando asegura que: “este es el gobierno de los controles”. Argumenta que no hay ningún país en América Latina que tenga tantos controles. El gobernador de Miranda es ágil de cuerpo y mente, es amable, dicen que debería sonreír más, yo creo que lo hará
Por Paula Quinteros
El gobierno ha sido muy hábil, tiene un aparato de propaganda política poderoso, con tecnología y equipos de televisión únicos en el país.
El despliegue que tiene el gobierno nacional es uno de producción de televisión. Construyen sets como los de los programas para dar la impresión de que están atendiendo un problema, y luego que se acaba el tiempo, se llevan el montaje. Esa es la realidad, son sets. Lo viví en Barlovento en el mes de diciembre, porque una cosa es que te lo cuenten y otra cosa es que tú lo veas. A Chávez le montaron un set con unidades satelitales y demás —en el único sitio en Higuerote que no estaba inundado. Movieron una maquinaria, la pusieron justo atrás para que saliera en cámara, en la única esquina sin agua. Hicieron allí su declaración, cuando se terminó, Chávez se montó en el carro y hasta ahí llegó. Después, al día siguiente, se llevaron la maquinaria. Tal cual como te lo digo. No es una película, lo vi.
El gobierno ha hecho todo un aparato de publicidad, pero ya hoy no creo que la percepción de afuera sea la misma que había hace unos años atrás. Además hay una visión distinta de quienes no militamos en el partido del gobierno. Creo que los errores que se cometieron en el pasado han quedado en el pasado; no participar en las elecciones para la Asamblea Nacional, el golpe de Estado, el paro, y todas esas cosas. Y creo que hoy el gobierno está en evidencia, con un proyecto político de una persona que quiere permanecer en el poder eternamente. En una bonanza petrolera el gobierno no tiene un indicador que muestre que el país está avanzando y que la economía está creciendo. Es simplemente el ingreso petrolero a punta de gasto público, lo cual no genera bienestar, es totalmente efímero. En Venezuela no se genera empleo formal. Tienes ahí el caso de Brasil, por ejemplo, que en 8 años del gobierno de Lula se generaron casi 16 millones de empleos formales.
El socialismo de hoy no es malo, representa un movimiento a favor de una sociedad buena, dentro de una economía capitalista. Venezuela es cualquier cosa menos socialista.
HC: Esto no es socialismo. A este sistema es difícil colocarle una etiqueta. Chávez le puso la etiqueta de socialista. Pero es un socialismo de la boca hacia fuera. Es un proyecto totalmente estatista, de un gobierno que quiere tener control de todo, de absolutamente todo. El ejemplo más latente son los controles a los medios de comunicación, que al final llevan a los medios a autocensurarse. Este es el gobierno de los controles a todos los medios de producción.
El debate no lo podemos dejar en la forma, hay que llevarlo al fondo. Y para mi esa bandera de yo soy socialista, ustedes son capitalistas, o de derecha o izquierda, no es el debate de los venezolanos, es el debate de Chávez. Ese no es el discurso de los países que quieren progreso, vuelvo al ejemplo de Brasil. Lula no estaba dividiendo al país entre capitalistas y socialistas. Fue un gobierno con una profunda visión social, como la que debería tener Venezuela, pero entendiendo que para poder generar bienestar, progreso en el país, se necesita un sector privado que genere empleo, que avance, que trabaje en unión con el sector público. No como hoy que tenemos un gobierno que es enemigo de la iniciativa y de los emprendedores. Es tan sectario que te puedes estar ahogando en una inundación y si no tienes la franela roja o no estás en el partido de gobierno, ¡entonces para usted no hay! Si el gobierno va a entregar casas a los damnificados, sólo aspiran a ellas los inscritos en el partido.
¿Alimentando el mal?
El gobierno se ha encargado de confrontar a unos venezolanos con otros. ¡Imagínate en este país metiendo una ley contra la discriminación racial! Este país no tiene problemas de racismo. No existe ese problema y punto. Pero el gobierno trata de crearlo para generar confrontación, para tratar de meter un tema de una lucha entre razas. Ese problema lo tendrá los Estados Unidos. Acá no.
Yo creo que el gobierno intenta darle fuerzas a todo lo negativo, eso le da posibilidades de mantenerse en el poder. Y es una excusa para no entrarle a fondo a los verdaderos problemas y tener el discurso de que están luchando por la justicia social, con la promesa de que el día que se solucione la lucha social, habrá bienestar. Y después de 13 años algunas personas todavía creen en eso. Pero hoy son menos.
Educación desarmada
El mejor ejemplo de que en el país no hay un proyecto socialista es la educación precaria. El gobierno tuvo que haber construido ya cinco mil escuelas. Y mientras no se construyen, eso se traduce en una población en edad estudiantil, que no va a las aulas. No tiene donde estudiar. En cambio gasta dinero en armas. El gobierno en paralelo ha firmado acuerdos, según lo que dice Rusia, en donde se incluyen contratos por aviones militares, tanques de guerra, fusiles y afines por 11 mil millones de dólares, a eso hay sumarle los barcos que vienen de España, que son para uso militar también. Entonces en vez de haber gastado 11 billones de dólares en comprar equipamiento militar, se han podido construir escuelas. Se puede construir una escuela con 2 millones de dólares —según este cálculo, las 5.000 que se necesitan. ¿Cuál es el socialismo acá? ¿Un gobierno que se arma, que se llena de juguetes bélicos? ¿Qué tiene que ver eso con socialismo?
Para destacar y continuar
HC: El gobierno tuvo dos momentos estelares. El primero, cuando arrancan todos los programas sociales, las conocidas Misiones. Y el otro, cuando el salario estaba por encima de la canasta alimentaria.
El gobierno puso ese debate social en primera línea. Y eso estuvo muy bien, abrió una línea de acción. El gran problema es que el gobierno se ha quedado en el debate.
Y, ¿a qué darle continuidad? Es tan difícil hoy en día saber qué funciona en el país. No hay indicadores. Y uno podría decir que a las Misiones hay que darles continuidad. Puede ser, pero no como están ahora, sino como deberían funcionar.
Terrorismo
HC: Este gobierno nunca ha sido enemigo de la guerrilla ni ha tenido una posición firme contra la guerrilla colombiana.
Es una relación indescifrable, la de este gobierno con los grupos irregulares colombianos. Sólo hablan con firmeza cuando les conviene.
Yo no sé si lo de la computadora de Reyes es verdad o es una novela, pero acá hay una gran cantidad de dudas con el tema de las FARC. Las poblaciones fronterizas aseguran que las FARC están allí; y el gobierno no hace absolutamente nada. Es guabinoso hacia a los grupos irregulares, hacia lo grupos armados al margen de la ley.
La inflación más alta del mundo y el círculo vicioso de la inseguridad
HC: Venezuela es el país con más inflación del mundo. ¿Quién se explica esto teniendo el petróleo por encima de 100 dólares?¿Por qué hay inflación? Porque el gobierno se ha dedicado a expropiar empresas, a debilitar el aparato productivo, a acabar con la economía productiva del país. Ha generado un absurdo gasto público que ni siquiera va a áreas estratégicas.
Y en cuanto a la seguridad, no hay que ser reduccionistas. Hay que hacer varias cosas, no sólo se trata de tener más policías. Si tú no tienes un sistema carcelario que funcione, que eduque, que rehabilite, no atacas el problema. Si alguien mata y no va a la cárcel, y el sistema judicial no da respuesta, entonces ¿cuál es el costo de matar? Pues ninguno. Por ejemplo, hay muchas bandas que negocian los pagos de los rescates de los secuestros, desde la propia cárcel. El que está negociando por teléfono, está en la cárcel. La delincuencia organizada sigue operando dentro de los recintos carcelarios. No se ha roto el círculo vicioso de la inseguridad. Igualmente, sin un poder judicial que funcione, sin una fiscalía que acuse, que investigue los casos, que busque responsables, no vamos a tener justicia.
Yo también tengo corresponsabilidad en el tema de la seguridad, tengo competencias en la gobernación. Por eso estoy invirtiendo en educación, estoy generando condiciones para mejorar la seguridad, pero si yo agarro a un individuo que está matando y se lo doy a la fiscalía, y a las dos horas lo sueltan, o va a una cárcel que es la universidad del delito, no hay avance alguno.











