Esta historia está basada en hechos reales. Los nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes que aquí trabajan.
I
La distinguida editora y gallina piroca, Paula Quinteros, como todas las mañanas, puso su huevo rosado en el nido comunitario. Sin embargo, no quiere criar pollos. Ese trabajo se lo deja a la Srta. Clueca, Milagros Socorro, quien es una gallina obsesionada por las ñemas ajenas.
II
Hoy, el gallo Claudio, cantó repetidas veces para despertar a su harén y se acicaló las plumas. Gallina que se levanta, inclusive sin cepillarse los dientes, gallina que el gallo Claudio pisa. En un gallinero, pisar es follar.
III
Todas las gallinas se quejan del gallo Claudio. Dicen que es muy rápido en los quehaceres del amor y que no les da tiempo para llegar al clímax. Por este problema, las gallinas consultaron al sexólogo Rómulo Aponte, autor del best seller Huevos sin orgasmos.
El doctor Aponte aconsejó que llevaran al gallo Claudio a terapia, pero ellas dijeron que él no iría porque es machista y piensa que gallo que va a terapia es pato.
IV
La púdica y señorita gallina, Milagros Socorro, dice que solo empolla y jura por Dios que no ha conocido amor de gallo. Las otras gallinas la critican en voz baja pero no le dicen nada, porque ella es la única que calienta los huevos y cría a los pollos.
Esta señorita clueca, desde su nido de empolle, se la pasa gritándole a las otras gallinas:
—¡Perras…! ¡Malas madres…! ¡Irresponsables…! Después me dejan los huevos a mí, ¿no?
—¡Cállate, esplumada! –grita el gallo Claudio mientras sigue con su faena amorosa.
V
En conchupancia con las gallinas, el Dr. Rómulo Aponte compró un gallito verraco llamado Pedro Mezquita. El domingo pasado, el Dr. Aponte fue a la casa del dueño del gallinero para preparar una “Olleta de gallo”. Lo único malo fue que se le “olvidó” llevar el gallo de la receta y cocinaron a Claudio.
VI
—Gallo es duro pero ya se está ablandando—, gritaba Rómulo mientras revolviendo el guiso, guiñaba un ojo a las gallinas del gallinero. Por cierto, ahora que me acuerdo, sí traje al gallito verraco, lo tengo en la maleta del carro y para que usted no se quede sin gallo, se lo regalo.
A lo lejos, las gallinas del gallinero, con cruel complicidad, celebraban los comentarios del doctor.
VII
Desde ese día el gallinero siempre estaba alborotado. La producción de huevos se duplicó.
—¡No es solo la putería, es que son unas asesinas!—, replicaba la señorita gallina Milagros Socorro.
Las otras gallinas, hartas de tantas ofensas, le contestaron:
—¡Cállate, envidiosa! Y no lo tomes como una amenaza, pero el Dr. Aponte dijo que no hay nada más sabroso que caldo de gallina escritora.
VIII
—¡Voy a recomendar este gallinero…!—, decía el gallito Mezquita mientras las gallinas, alborotadas, comentaban.
—¡Esto sí es un gallo macho, no el metrosexual y eyaculador precoz que teníamos! Éste sí se faja como los buenos y las pisadas ahora, guaooo… ¡duran hasta siete segundos!3











