AMOR ETERNO, AMOR INFIERNO


El 14 de febrero, día de los enamorados, me encontraba en Paris descorchando una botella de champagne con mi amada Paula Quinteros en El Jules Verne, lujoso restaurant ubicado en la Torre Eiffel. Sin querer hicimos un balance sobre nuestro perfecto amor:
—Paula, cariño, no conozco a nadie casado que no esté obstinado de su matrimonio. Sí, lo sé, ese es un tema tan delicado como el de la infidelidad. Nadie se atreve a abordarlo de frente y decir la verdad— le dije.
En lo personal nunca he visto una pareja de esposos realmente feliz. Por supuesto que en esto hay grados que van desde los esposos que se “echan bromas”, con su cansancio del uno por el otro, pasando por los que literalmente se hacen la vida imposible, hasta los que llegan a lo que comúnmente llamamos: “crimen pasional” —que ocurre cuando uno de los dos toma la sabia decisión de eliminar al otro y, en algunas ocasiones, se suicida después.

—Pero Claudito, ¿cómo se puede llegar a eso?— preguntó con inocencia Paula mientras coqueteaba con las burbujas de la Belle Époque de Perrier-Jouet.

—Paula, te voy a explicar— dije mientras miraba el titilar elegante de la luces de Paris. Se llega al odio por nuestra pareja cuando en el noviazgo se comienza con la faltadera de respeto, que se acrecienta luego en el matrimonio. En lo personal considero humillante ver a esas parejas que, al casarse, parecieran que se convierten en menores de edad. Y se ponen reglas:

• No pueden salir solos.

• Tienen que pedir permiso para salir con amigos o ir a una fiesta.

• No pueden hacer ni recibir llamadas sin que su pareja sepa quién es o a quién llama.

• Cada vez veo más cónyuges que entran en los correos electrónicos del otro. Revisan mensajes de texto e, inclusive, exigen tener las claves de los celulares de su pareja para escuchar los mensajes de voz.

• En la actualidad, todos somos víctimas de ese horror contra la intimidad llamado “Facebook” y twitter.

• Algunos dementes, sobre todo mujeres, acostumbran oler a su compañero para ver si tienen un aroma extraño.
• Revisan los peligrosísimos recibos del valet parking que quedan olvidados en los parabrisas de los automóviles, para así enterarse en qué sitio andaba el sospechoso en el día.

• No se puede ir a almorzar o, peor aún, a cenar, sino en grupo y con permiso. Ni hablar de salir solo con una persona del otro sexo.

• Conozco parejas que llegan al colmo de sabotear públicamente a su compañero, con comentarios, chistes o frases como: “¡Ya vas a contar otra vez ese chiste!” o “¿Hasta cuándo voy a escuchar el cuentico ese del pescadote que atrapaste? ¡Qué fastidio!”. Humillando en extremo a la víctima delante de amigos o extraños.

• Control total del dinero que se ganó uno solo, sin ayuda del otro, quien inexplicablemente cree que también eso es de él o de ella.

• Conocimiento obligatorio de las claves de todas las tarjetas de crédito y débito; esto, en los casos más graves, incluye obligar a firmar los cheques con una rúbrica que sea fácil de imitar por la pareja.

Se podrían llenar páginas y páginas de las faltas de respeto más comunes. La cosa llega al extremo de que si usted está leyendo esto, aunque esté de acuerdo, pero si su pareja está cerca tiene que reprobarlo y comentar: “¿viste lo que escribió Claudio?”. Nadie se atreve a sacudirse la hipocresía del lazo legal del amor.
Por eso los amantes independientes, prohibidos y escondidos duran juntos y sin problemas tanto tiempo. Ellos están sobre el bien y el mal, a sus parejas y a ellos mismos les han sobrevivido matrimonios, divorcios, empates y otros matrimonios. ¿Y saben por qué? Porque generalmente los amantes “prohibidos” están unidos por el amor puro, que sólo reclama amor y no posesión de mente, cuerpo, alma y bienes.
Ya lo sabe, querido lector climático, si usted ama a alguien, esconda ese amor para que dure para siempre; si por el contrario odia a alguien, lo mejor que puede hacer para destruirlo y que su vida se convierta en un infierno es casarse con esa persona.

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