Desde el Paleolítico el ser humano ha buscado reforzar su imagen. La utilización de joyas —en ese momento hechas de objetos minerales y animales, entre otros— ha servido como uno de los medios más efectivos y permanentes en el tiempo.
En un principio, las piedras eran empleadas para la elaboración de herramientas y armas. Sin embargo, con el descubrimiento del metal, sus funciones se ampliaron. También eran utilizadas como ornamento. Tiempo después, con la llegada de la Edad de Bronce, y el avance de la tecnología de extracción en las minas, se modificaron los métodos de creación de joyas. Entre los que resaltan: el repujado, el granulado y la filigrana de metales.
Egipto fue una de las civilizaciones más apasionadas en el arte de la joyería. Acostumbraban a enterrar a sus faraones y sacerdotes con sus joyas y ajuares. Además, le otorgaron significados espirituales a las gemas, por lo que las piezas cumplían doble función: protección mágica y ornamentación.
Por su lado, los griegos se iniciaron en la manipulación del oro y gemas alrededor de 1.400 años antes de Cristo, pero se convirtieron rápidamente en grandes dominadores de las técnicas, como el grabado y la talla. Incluso diseñaron una nueva joya: el camafeo. Lo fabricaban con una piedra de ágata amarillenta llamada sardónice que importaban de la India. Pero no fueron sino los romanos quienes diseñarían la joya favorita de todas las mujeres: el anillo de compromiso. Se trataba de un aro de hierro sencillo que se entregaba como símbolo de ciclo de vida y eternidad. Significaba, asimismo, una promesa pública de que el compromiso matrimonial entre el hombre y la mujer sería respetado.
Las piedras y metales preciosos más escasos en el mundo se convirtieron en simbólicos de estatus social y de riqueza. Razón por la cual, la plata fue por mucho tiempo más importante que el oro por su existencia en cantidades limitadas. Sin embargo, es a mediados de 1920 que en Venezuela se fundaron las primeras joyerías: La Esmeralda, Sérpico y Laina. Gracias a los avances tecnológicos y a los nuevos métodos de tratamientos de las piedras, la adquisición de joyas se ha expandido. El comercio de las piezas ha aumentado de manera significativa y cada vez es más apreciado el valor que tienen las creaciones artísticas.

Erudito en resplandor
José Roca es un aragonés que llegó a Venezuela en 1951, año en el que se incorporó a la joyería de su cuñado, Vicente Andreu. Él y su hermano Ángel, quien también trabajaba en el mismo lugar, aprendieron acerca del negocio de las joyas. Once años más tarde decidieron inaugurar su propia tienda en Chacaito, a la que llamaron joyería Roca Hermanos. Poco después, se expandieron al Centro Ciudad Comercial Tamanaco y desde entonces su éxito ha sido el reflejo de esfuerzo y pasión.
Sentado en la mesa de madera y cuero verde en donde atiende a los clientes, el diseñador destaca la influencia que ha tenido Europa en el diseño de collares, pulseras y anillos. Considera que son quienes han marcado las directrices en la técnica de joyería. Además, hace referencia a los cambios que ha habido en la historia como consecuencia de las situaciones que atraviesan los países: “En la década de 1940, se manifestó el dolor que vivía la gente en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Las piezas que se vendían eran tristes. Esos modelos carecían del ángel. No eran como los de antes y mucho menos a los de ahora”.
En cuanto a los materiales empleados para la confección de las joyas, el experto asegura que se han mantenido constantes a través del tiempo. Los brillantes como la esmeralda, el zafiro y el rubí montados en oro, platino y plata son los elementos que más llaman la atención —también las piedras semipreciosas. Lo que hace diferente a cada pieza es la técnica que el diseñador y el joyero aportan en su producción.
Para Roca, las joyas son mucho más que un adorno. “Su valor no es únicamente material. La elaboración de las piezas involucra mucho a quien las crea, requiere de sentimientos que se ven plasmados en el resultado”. Cuando quien cumple la función de diseñador y joyero no es la misma persona, el objetivo final debe ser igual para conseguir un buen resultado. “El estado anímico del diseñador y la interpretación del joyero deben ir de la mano. Tiene que existir una compenetración entre ambos para que la joya sea maravillosa”, explica Roca.
Su mayor orgullo es el pectoral que elaboró para la llegada del Papa Juan Pablo II a Venezuela. Recuerda: “Hice varios diseños y el Presidente escogió el que le pareció más adecuado. Es mi obra con más proyección y profundidad por el significado que tenía”. Asimismo, su transformación predilecta es un anillo que una cliente le encargó modificar, al cual le colocó una perla negra incrustada entre dos hileras de brillantes.
Roca asevera que la mayoría de las veces en las que se maltrata una prenda es por la falta de protección de la misma. “No se deben meter en un cajón junto a otras. Cuando una pieza roza con otra, las dos se deterioran”, aclara.
El principal problema de la joyería, según el diseñador, no es la inseguridad o la crisis económica, sino que “las generaciones se dedican a la artesanía cada vez menos, ya que tienen las oportunidades de estudiar otras profesiones”. No ha presionado a ninguno de sus cuatro hijos a que se inclinen por este camino, porque considera que es una decisión personal. Sin embargo, él continuará en el oficio que deslumbra a todo el que atraviesa su puerta.
Amor al arte
Al principio era un hobby, un juego que ocupaba su tiempo y lo entretenía. Pero la colección de cristales de cuarzo y luego minerales preciosos, que comenzó cuando tenía apenas 12 años, se convirtió en su pasión, su trabajo y su vida.
Cuando Cristian Gramcko descubrió su inclinación por el arte se decidió por una carrera que no molestara a sus padres y que, al mismo tiempo, lo guiara a conocer el mundo artístico. Por eso, estudió Diseño Gráfico en el Instituto de Diseño de Caracas. “Fue una simple estrategia para acercarme a lo que me gustaba”, confiesa después de tantos años. Luego, trabajó como gemólogo en una joyería, en la que —cuando no había avalúos— subía con el joyero y observaba detenidamente la técnica. Así se inició. No obstante, considera que su mayor formación fue en un curso de joyería de vidrio en una fábrica de cristal en España, junto a una checa llamada Anna Matouskova.
El orfebre considera que hay tres tipo de joyería: “La fashion, que tiene un público cautivo; la comercial o de inversión, que son aquellas piezas en platino o diamante; y la artística, que se materializa una idea”. Él se dedica a esta última, pero siempre intenta buscar un resultado equilibrado, es decir, una joya que se quiera usar y al mismo tiempo que sea digna de exhibir en un museo.
Hace dos años, Gramcko tuvo la oportunidad de presenciar lo que él llama “el principio de la creación”. Asistió al Tercer Encuentro Hispanoamericano de Plateros llevado a cabo en Zacatecas, México. En su visita conoció la mina de Frenillos, que se encuentra a 700 metros bajo tierra. “Me imaginaba que iba a ser como entrar a una bóveda en la que todo iba a brillar, pero no. El proceso para poder extraer los minerales es muy largo y complejo”, recuerda entre risas.
Otro proceso complicado es trabajar el material una vez que se tiene en las manos. “El metal te habla si lo sabes escuchar. Emite sonidos que se distorsionan a medida que se va estirando. Sus moléculas se contraen y llega el momento en el que se tiene que parar su transformación porque, de lo contrario, se puede fatigar y quebrar”, explica.
Sus gustos en la selección de elementos han cambiado, así como también la situación que gira en torno a la joyería. “La mujer venezolana usa prendas, aunque ahora no tanto como antes, por los riesgos que esto implica. Sin embargo, creo que, actualmente, nuestra competencia no es la inseguridad o los demás orfebres, sino el iPod, la laptop, las carteras de marca y demás, porque la gente tiene que escoger entre uno o lo otro”, argumenta mientras sostiene un soldador.
Su hogar es también su fragua y galería. Entre cuadros de la alemana Luisa Richtner, pintados especialmente para él, realiza parte de su trabajo. Vive y crea, sin separar uno de lo otro. Razón por la cual su obra es reconocida nacional e internacionalmente: ha sido galardonado en Argentina, Japón —Premio de Joyería Esmaltada—, Italia —Premio al Mérito—, y Venezuela, en donde se le otorgó el Premio Nacional de las Artes del Fuego en el año 2007.

Brillo en boga
Cuando las mujeres piensan en joyas, automáticamente las relacionan con belleza, poder y estatus social. Pero cuando lo hace Margarita Zingg se llena de sentimientos, de recuerdos románticos y familiares. Su nombre se ha convertido en un icono de la elegancia y una referencia de la moda nacional. Ella no usa las piezas de joyería, las hace suyas y las acoge como cómplices de su vida.
Al hablar, resalta su femineidad —que es evidente a primera vista—, y recuerda que siempre ha sido así. “Cuando tenía 6 años, mis padres me llevaron a ver las joyas de la corona Inglesa en la Torre de Londres, y me provocaron una gran fascinación, sobre todo el rubí del príncipe negro”. Para ella, las joyas más importantes son aquellas que poseen un valor sentimental sin diferencias entre las de alta joyería, las semipreciosas y las falsas. “Todas adornan por igual”, comenta con sencillez.
En cuanto a la manera de combinar las piezas, señala que esto dependerá del atuendo, la hora y el lugar en el que se van a utilizar, pero que, a diferencia de épocas anteriores, “hoy en día todo se vale”. Además, agrega que se pueden combinar varios estilos, tomando en cuenta la inspiración y tendencia que se desee seguir. Eso sí: “Con buen gusto y sin parecer un arbolito”.
El exceso nunca es bueno, pero existen ocasiones para cargar menos o más cantidad de prendas. Margarita tiende a ser minimalista en este aspecto, pero no tiene problema con ser barroca en el momento ideal. Para evitar dudas y exageraciones, recomienda: “siempre verse en el espejo antes de salir y, si sobra algo, quitarlo”.
Se debe considerar el evento para el cual se van a usar las joyas, ya que cada una tiene una función específica: “Para un desayuno algo sencillo, como perlas, corales. No me gustaría un colgante de zafiros y brillantes para tan temprano; lo encuentro inapropiado. En un almuerzo, es ideal utilizar un bonito collar o una sortija, ambos pueden quedar muy bien, lo importante es que vaya en combinación con tu look completo. Para la noche nos podemos permitir piezas más extravagantes y con más brillo”.
Margarita cree que la joya que nunca pierde vigencia es un solitario de brillante, bautizado por ella como “el rey absoluto”. Asimismo, estima que la tendencia en joyería para este 2012 serán piezas con diferentes tipos de oro, pulsos tipo brazalete, aretes tipo catedral, collares de oro rosa, pavé de diamantes brown y broches tipo Art Decó. “En Venezuela siempre ha habido diseñadores muy talentosos, gente realmente creativa que se expresa a través de las joyas. Sin embargo, actualmente tengo debilidad por mi prima Irene Zingg Reverón, por razones obvias”, reconoce la diseñadora de moda.
A pesar de que su vida gira en torno al esplendor, sus pies están bien posados en la tierra, y particularmente en el país. Aconseja utilizar cualquier tipo de joya con cautela por la inseguridad que se apodera de las calles, lamentablemente, sin dejar que esto prohiba llevar puesto la prenda que guste. Es una mujer que proyecta belleza e inteligencia, que inspira respeto y admiración. Margarita Zingg es una figura integral que brilla más que el oro.
—Ma. Gabriela Quintero Longa













